Colombiano, el riesgo es que te lo quieras creer

Gran parte de los colombianos (aunque el porcentaje lo desconozco) son chovinistas. Los paisajes, el café y las flores; la belleza de la mujer paisa y caleña ; el sabor de la música, el baile; Gabriel García Márquez; Shakira, Juanes y Carlos Vives son alardes colombianos. Si con nada de esta lista está de acuerdo, la amabilidad del colombiano, reconocida en muchas partes del mundo, hace parte de esa idiosincrasia que nos enorgullece.

Las mochilas con el “Colombia, te quiero” que tanto se ven por ahí, dan cuenta de este amor a la bandera tricolor, aunque de la manera más ordinaria, en la acepción negativa de la palabra. Yo no comparto nada de esto. La gente que usa esas mochilas me cae mal. He visto a algunos de ellos tirar chicles en el piso y robar.

Percibo otra realidad, nos siento falsos y ridículos. Somos increíblemente racistas. Basta con ver cuántos europeos, estadounidenses, austrialianos o nórdicos, de la más pura cepa, caminan por todas partes del mundo cogidos de la mano de su pareja afrodescendiente y sus hijos. Acá eso es mal visto, si es que alguna vez se ve. Usamos la expresión ‘india’ o ‘indio’ cuando alguien se comporta de malas maneras, también para referirnos a una persona que consideramos de clase inferior o que se viste mal. Todos nos creemos arios a la hora de ofender.

Somos contradictorios, absurdos. Hace menos de un mes vi cómo una colombiana le dijo a un empleado del aeropuerto :“tenía que ser colombiano”, cuando este, de migración, se negó a dejarla pasar de primeras luego de que ella argumentara que tenía que hacer una conexión en menos de dos horas. Así de paradójico es el colombiano, ese actuar tan nuestro es el que detesto y me da risa.

Como buenos colombianos también nos encanta hacer los más bromistas y creativos slogans: Colombia, el riesgo es que te quieras quedar. O este, que es el que más me divierte: experience the contrasts! (experimenta el contraste, para los que somos poco bilingües) que está dibujado sobre los buses turísticos de dos pisos que rondan por Bogotá. ¿Por qué queremos decorar todo, tapar siempre el sol con un dedo? Los colombianos somos jodidos, individualistas e hipócritas. Cuánto nos falta de cultura ciudadana para aprender a usar un TransMilenio, interiorizar las normas cívicas básicas.. cómo nos hace de falta pensar más en el otro.

Soy también colombiana, pero nos falta mucho que hacer. Es imperativo ser realistas y ya me aburrí de ver que el país está estancado. Dejemos de ser sudacas ridículos, hagamos, por fin, algo por nosotros mismos.

Por: Laura Latiff

Ella.

Nunca fui bueno para la mayoría de las cosas. Intenté mucho hasta que descubrí que soy bueno siendo bueno para nada. La primera vez que la vi no fui bueno para saludarla tampoco. Le dije un “hola” como si la palabra estuviera en pijama, me pasé la mano por el pelo y caminé con la mirada hacia el suelo, en cualquier otra dirección, en medio del humo de colores y el ruido odioso del bar. Tampoco fui bueno queriéndola. Recuerdo las horas que pasábamos sentados en la ducha, luego de bañarnos, con las gotas en las pestañas y las nalgas planchetas por la baldosa, cuando ella me decía: “si me quisieras, te haría sopas y no hablaría más de lo necesario”. Pero nunca pude quererla como ella lo pedía, como quiere un grito a la amplitud o el domingo a un deprimido.

Tal vez ella tenía razón al decir que yo me inventaba las tristezas para ocultar lo aburrida e innecesaria que era mi vida. Aun así, ella escuchaba con atención y me consolaba, a pesar de que sabía que, no tan en el fondo, yo disfrutaba del fracaso. Me atrevo a decir, incluso, que ella sentía celos de mis frustraciones, porque me gustaban más que sus abrazos puntiagudos y descuajados y su pelo sofocante. Ella también decía que el único talento que yo tenía era el de ser un hijueputa. Ella decía demasiadas cosas.

Un día no supe más si vivíamos juntos o no. Creo que ella se empezó a cansar de mí por tantas veces que se lo pedí. Tal vez se empezó a cansar de que se lo pidiera, y no verdaderamente de mí, y por eso se fue, para luego volver ocasionalmente. Pero en realidad creo que ella nunca se hastió de que me gustara dormir dándole la espalda, porque su respiración me acaloraba, ni de que todos los días el desayuno fuera huevos revueltos y café negro.

La única vez que la amé fue cuando la encontré dibujando, tirada sobre el suelo, en calzones, y con las piernas manchadas por el carboncillo. Cuando entré a la habitación, miró hacia arriba hasta encontrar mis ojos, como un gato asustado, si es que eso existe. Entonces supe que la estaba amando en ese momento, a ella y a sus caderas, más huesudas que nunca.

Creo que no era fácil para mí devolverle el cariño que ella insistía en darme, porque en ocasiones encontraba su forma de ser fastidiosamente básica, como la mezcla de harina, leche y mantequilla. También creo que se esforzaba mucho por parecer ocurrente y adorable. Eso me aburría aun más. Pero nunca tomé la decisión de irme, porque no soy bueno para tomar decisiones, ni tampoco para la soledad por convicción.

La tarde que murió descubrí una gran inutilidad en todos los objetos que dejó, sus vestidos, el montón de zapatos de charol rojos, sus revistas y sus pliegos de papel. Si bien no puedo decir que su muerte me entristeció, puedo decir que sentí lo que se siente después de un día festivo en la mitad de la semana.

Por: Maria Alejandra Medina

A mí me conquistan con una coma vocativa

Por estos días todo el mundo habla del cumpleaños de Bogotá, pero nadie se acuerda del cumpleaños de la Academia Colombiana de la Lengua. Y no tienen por qué. A casi nadie le importa, casi nadie sabe siquiera que eso existe. A pocos les interesa lo que allí se haga, si al fin y al cabo hablamos y escribimos como se nos da la gana. Mientras que nos entiendan, todo vale. Además, no olvidemos que la lengua es insumo para más de un arte, y el arte para muchos no sirve para nada, sobre todo en países como Colombia, en los que sujeto, verbo y predicado no nos van a ayudar cuando la casa se nos venga abajo.

 Nuestros jefes y profesores escriben como se les antoja –supe de un “seder” esta semana-, y si se les corrigiera, ganarían por puro argumento de autoridad, sin el argumento. Nadie se hace más pobre por ignorar que la palabra “esfero” no existe, que “bizarro” no es sinónimo de “raro”, o que “catalina” significa excremento humano –a menos que viva de la corrección de estilo-. Es más, uno puede llegar a ser víctima de miradas inquisidoras por usar los correctos “concienciar” y “asequible”. Suena guiso, sí, pero es correcto. “Cabello” y “colocar” sí que son otra historia, y no siendo la primera que lo dice, no entiendo el porqué de su proliferado uso.

Pero, en fin. Estoy acostumbrada a adefesios como “osea”, usado como incorrecta locución; el “ola k ase”, que si bien se ha vuelto un pintoresco meme, es una historia de la vida real; el “haci” que habla por sí solo y etcétera. Es por eso que cuando veo que alguien escribe con correcta puntuación, ortografía, semántica, gramática, con el quién-qué-y a quién, me sonrojo y oro un poquito, porque no todo está perdido.

No hay nada más maluco que conocer a alguien aparentemente interesante, listo y divertido y que, luego, por chat de Facebook –en tiempos de antaño, por Messenger-, salga con un “haber que vamos a hacer hoy?”, “voy a ir llendo”, entre otras muchas perlas. A eso súmenle que lo traten de “señorita” para hacerse los galanes y quedan hechos.

 Pero, retomemos. Yo tampoco soy una erudita en el tema. Estoy lejos, lejos de serlo. Sin embargo, por lo mismo me alegra conocer personas que puedan honrarme con un poco de su sabiduría.

 Así que todo esto, tantas veces dicho por otros, para pedir: por favor no se interesen por conocer el uso correcto de la lengua. La gente que lo hace dejaría de ser especial.

Por: Maria Alejandra Medina

Los escándalos por pederastia también han dejado algo bueno

El expresidente de la Conferencia Episcopal presenta su posición frente al conflicto armado, aborto y pederastia. 

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Foto tomada de Elespectador.com

 Monseñor Fabián Marulanda, obispo emérito de Florencia, Caquetá, fue el primer obispo en ser nombrado por el papa Juan Pablo II durante su visita a Colombia, en 1986. Fue designado como secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia en el año 2002. Siete años más tarde renunció a su cargo, luego de su cumpleaños número 75, debido a que la Iglesia pide que los obispos se retiren a esa edad para darles paso a clérigos más jóvenes. Desde entonces, sigue siendo parte de la Conferencia Episcopal y continúa opinando activamente sobre los temas que son de interés para Colombia.

En el marco de los diálogos de paz y de la anulación del decreto que reglamentaba el aborto en Colombia en marzo pasado, presentamos una entrevista realizada, en el año 2011, por Maria Alejandra Medina, colaboradora de este blog.

1. ¿Cree que las Farc están debilitadas?

Monseñor Fabián Marulanda: uno se guía por lo que sale en los medios y según eso han recibido muchos golpes. Pero eso también los ha hecho cambiar de táctica. Por ejemplo ya no se enfrentan tanto al ejército directamente sino que hacen atentados, ponen bombas, en los lugares que al ejército le interesa proteger. De pronto están debilitados en cuanto a número pero no en cuanto a voluntad.

2. ¿Por qué negociar con las Farc si según el Derecho Internacional no se debe negociar con terroristas?

M.F.M.: Las Farc ya están arrinconadas y no tienen respaldo porque su lucha ya no es por reivindicaciones sociales sino que es terrorismo. Entonces, si se va a negociar, sería necesario exigir que cesen los actos terroristas, que dejen de secuestrar.

3. ¿Cree que este Gobierno se ha esforzado más que el anterior para lograr la paz?

M.F.M.: El conflicto de Colombia existe hace muchos años, entonces todos los gobiernos han tratado de hacer algo. Virgilio Barco logró desmovilizar guerrilleros, Turbay implementó el Estatuto de Seguridad y Pastrana, la zona de despeje. Todos lograron pequeños avances, pero Uribe fue el que más paró a las Farc con la política de la Seguridad Democrática.

4. ¿Qué errores cree que no se deberían repetir de esos intentos que acaba de mencionar?

M.F.M.: Pastrana hizo muchas concesiones. Fue un error ceder El Caguán porque ese despeje solo les ayudó a las Farc a crecer y a fortalecerse. Además, al final le hicieron muchos desplantes al Gobierno, como el secuestro de Gechem Turbay. Tomaron mucha fuerza después del proceso de paz con Pastrana.

5. ¿Cree que el gobierno de Santos llegue a firmar la paz?

M.F.M.: Ganas no le faltan. Comenzó bien pero se le ha ido volteando el Cristo, por un lado con el recrudecimiento de las Farc y con la resistencia que ha encontrado la reforma a la Justicia. Así no se puede seguir con sus esfuerzos.

 6. ¿Por qué es pertinente que la Iglesia Católica sirva como mediadora en el conflicto con las Farc?

M.F.M.: La Iglesia Católica tiene la paz como bandera. Esa es la bandera propia de una institución religiosa. Siempre va a haber un interés en eso, se tenga consentimiento o no. Pero cada vez es más inoperante esa labor. Se invita a las Farc a la conciliación, pero para lograr eso se necesita que haya confianza de ambas partes, del Gobierno y de la guerrilla. Pero la guerrilla no cree y saben que la Iglesia condena lo que hacen, entonces nunca va haber una confianza total. Entonces, en últimas solo el Estado puede negociar con ellos.

7.  La Iglesia parece que se enfrenta a una dicotomía en cuanto a su imagen. Por un lado, los feligreses confían en que la Iglesia tomará acciones que defiendan sus principios, como por ejemplo al mediar por la paz. Pero la buena imagen de la Iglesia cambia cuando se trata de temas como la pederastia. ¿Qué imagen cree que prima para la gente en este momento?

M.F.M.: Esa fue una crisis que explotó en Estados Unidos y ellos lo manejaron muy mal. La institución no tiene que pagar lo que haga uno de sus miembros. El responsable del delito tiene que pagar, y tiene que pagar doble: por la ley penal y las leyes de orden espiritual, como despojarlo del sacerdocio, que es algo serio.

Sobre todo por los medios se ha visto afectada la credibilidad de la Iglesia. Si usted busca en Internet la palabra “pederastia”, la única que sale es la de la Iglesia. Pero también ha sido algo bueno, porque ha hecho más estricta a la Iglesia, para no aceptar a cualquiera, sino a aquellos que den muestras de madurez espiritual.

 8. ¿Pero cómo estar seguros de que alguien tiene madurez espiritual?

M.F.M.: Muy buena pregunta. Es algo que se puede resolver a través de la intuición. Hay que fijarse en las muestras que cada uno haya dado en su juventud y durante la formación.

 9. ¿La existencia del celibato no cree que tiene algo que ver con la pederastia?

M.F.M.: Hay iglesias muy serias que no tienen el celibato como la Griega Ortodoxa y las protestantes. Eso es una legislación humana, no divina, que se ha mantenido porque es conveniente, porque hace que haya una dedicación exclusiva a la Iglesia.

10. ¿Pero qué tan conveniente es en realidad si finalmente es un factor que tiene que ver con la pederastia?

M.F.M.: Es algo que se puede cambiar llegado el momento. Que fuera voluntario casarse, tampoco que fuera un requisito. Algún día esa discusión llegará, pero no en este momento, porque los últimos papas han sido muy conservadores. Después de esta generación se dará la discusión y se llevaría a un concilio.         

11. ¿Qué les diría a las personas que afirman que la pederastia no es culpa de la persona que la comete sino de la Iglesia y el carácter de su institución?

M.F.M.: Les diría que miren las estadísticas. Realmente a la Iglesia es siempre señalada por todo el mundo pero es la institución con menos casos de pederastia. Por ejemplo, no se compara con la cantidad de casos en la Fuerzas Militares, o casos de maestros, o en la misma familia. Pero los casos de la Iglesia claro que son más visibles por la responsabilidad que tiene.

Pinturas exquisitas

 

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Imagen: cortesía Arteinformado.com

Por: Maria Alejandra Medina Cartagena

Desde la primera vez que vi una obra de arte –no recuerdo cuándo ni cuál fue- aprendí que la regla de oro es ver y no tocar. Pues bueno. Hasta esta semana que visité la exposición “Pinturas volumétricas” del artista catalán Joaquim Falcó no había tenido problema con esa máxima de la apreciación del arte. Resulta que las más de 20 obras que Falcó ha expuesto en la galería Emma de Madrid desde el 6 de abril me generaron una ganas incontenibles de tocarlas, amasarlas y masticarlas.

Botellas de Coca-cola, pipas, tazas, peines, zapatillas, entre otros, componen el conjunto de objetos que han servido de inspiración para Falcó. Los lienzos del artista, trabajados con poliuretano y resinas, son un derroche de color, textura y, por supuesto, volumen, que representa elementos de la vida cotidiana de una manera exquisita, como si estuvieran hechos de dulce y burbujas. No se me hizo de extrañar, entonces, haber encontrado expuesta, junto a las obras de Falcó, una serie de dibujos hechos por niños del colegio SEK-Santa Isabel, ubicado a la vuelta de la galería. Para estos niños fueron inevitables las ganas de querer reproducir los cuadros del artista, pues si en un adulto despertaron la curiosidad y las papilas gustativas, como me pasó a mí, me imagino cómo debió ser la experiencia para un niño.

Violeta Izquierdo, doctora en Arte Contemporáneo y curadora de “Pinturas volumétricas” escribe sobre la exposición: “Los lienzos que componen “Pinturas volumétricas” suponen un recuperación de los valores materiales de la pintura, provocado por la investigación de las posibilidades que las técnicas y los materiales ejercen sobre la obra”.

Sobra decir que durante todo mi recorrido por la exposición me contuve de tocar las obras, no solo por respeto al artista, sino también porque la galería estaba vigilada.

Sobre el artista

Joaquim Falcó es un artista catalán, nacido en Manresa, en 1958. A los 18 años inició sus estudios de arquitectura en Madrid, pero posteriormente los abandonaría para dedicarse a su verdadera pasión: la pintura. En la década de los 80 logra dar un salto a las galerías, en países como España, Italia y Francia. Desde entonces se ha hecho acreedor de un gran reconocimiento por su dinámico estilo y su capacidad de experimentación con el lenguaje plástico.

¿Para qué sirve el pelo?

Por: Maria Alejandra Medina Cartagena

El pelo, además de adornar el rostro el humano, puede destinarse para fines caritativos, comerciales, maléficos, agrícolas, y amables con el medioambiente.

 Para los hindúes, bastaba con que Kali, la diosa de la destrucción, se soltara un mechón de pelo para que cayeran terribles tormentas y tempestades. Según Ilias Marzougui, profesor de la cátedra de Civilización Islámica de la Universidad del Rosario de Bogotá, una de las razones por las que en el Islam las mujeres cubren su cabello es para ayudar a los hombres a no caer en tentaciones por culpa de lo sensual que puede resultar el pelo de una mujer. Y así.

 Culturalmente, el pelo humano ha tenido –y aún tiene- muchas connotaciones. Si es sano y brillante, es signo de juventud; pero si, en cambio, es un pelo grisáceo o blanco, indica vejez para unos o experiencia, para otros. Si por la calle pasa un sujeto con cresta, ya es posible empezar a lanzar hipótesis acerca de, por lo menos, sus gustos musicales. Dime cómo es tu pelo y te diré quién eres.

 Esa parte de la cabeza es tan importante que no es de extrañar que cuando alguien, sin quererlo, ha perdido total o parcialmente su cabello, haya personas que quieran ayudarlo dándole parte del suyo; o que, ya rozando la vanidad, haya otras personas que, con suficiente pelo, entreguen su dinero para tener más.

 Al primer caso corresponden labores como la de la Liga contra el Cáncer, ubicada en la calle 56 con carrera 6, en Bogotá. Alicia Guillén, directora de Relaciones Públicas, y su asistente, Natalia Monroy, son las encargadas de atender a las personas que quieren ir a donar pelo para personas que lo han perdido a raíz del tratamiento contra el cáncer.

 La donación tiene que tener mínimo 25 centímetros de largo, no estar tinturada, ni maltratada. Se tiene que llevar en una trenza o una cola de caballo para que no se enrede; se le toman los datos al donante, se los mete a una base de datos y unos días después le llega una carta de agradecimiento.

 Sin embargo, el aporte es completamente anónimo: ni el donante sabe para quién va su pelo, ni la o el beneficiario saben de dónde provino su nueva cabellera. Entonces, por obvias razones, la Liga contra el Cáncer no da la información de ninguna persona enferma que haya recibido una donación. “Para ellas es incómodo, no se sienten en igualdad de condiciones frente a una persona que no tiene la enfermedad. Además, nos ganaríamos una demanda grandísima”, afirma Monroy.

 El pelo, con el que se hacen pelucas, capules y contornos, lo recibe Sofía Nodal, una mujer de la tercera edad encargada del departamento de Restablecimiento y sobreviviente al cáncer de seno. Doña Sofía afirma que nunca han tenido déficit en la cantidad de pelo donado. “La persona que se quiere beneficiar viene, lo solicita y se le entrega”. En el último mes, por ejemplo, han recibido 10 donaciones. Una vez se ha obtenido el pelo, se revisa y se envía a un particular que les realiza las pelucas. Por alguna razón, no les gusta revelar quién es esa persona.

 El problema es que mucha gente no sabe que se pueden hacer donaciones, ni cómo se hace la entrega del pelo, ni que hay muchos mitos de por medio que, según Monroy, no tendrían por qué existir.

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Pelucas elaboradas por la Liga contra el Cáncer. Foto: Maria Alejandra Medina

Viviana Marulanda, de 22 años, ingeniera industrial y estudiante de economía en la Universidad Javeriana, se cortó alrededor de 30 centímetros de pelo liso y negro en enero pasado. Duró 15 días buscando en dónde hacer la donación. “Busqué por internet, hasta le escribí a la Liga contra el Cáncer, y nunca me respondieron”, afirma. Una amiga de ella, sin embargo, le aseguró que en la Liga le recibían la donación, así que fue y entregó el pelo que había dejado crecer durante un año, casi hasta la cintura. Hoy lo tiene un poco más abajo de las orejas.

 Marcia Orozco y Ana Bolena Pedroza, decoradora de eventos y estudiante universitaria respectivamente, tenían la misma intención que Viviana. Oyeron, sin embargo, que las pelucas hechas con la donación las venden o que es imposible entregar personalmente el pelo. “La verdad no lo hice porque me di cuenta de que el cabello que uno dona luego lo venden, inclusive a las personas con cáncer. De todas formas, yo llamé para ver si yo misma se lo podía entregar a la persona beneficiada y ellos me contestaron que no, entonces desconfié más”, dice Orozco. Natalia Monroy afirma que el rumor de que en la Liga se vende el pelo donado no tiene fundamento.

 Ana Bolena, por su parte, afirmó que la intención con la entrega de su pelo, que lleva dejándolo crecer durante 6 años, es que el beneficiado sea un niño. No obstante, la Liga contra el Cáncer no tiene pediatría. Acudió, entonces, al Hospital de la Misericordia, en donde le dijeron que, por su cuenta, tiene que conseguir los recursos para realizar la peluca, que no baja de los $300 mil pesos.

 Con una suerte muy diferente corrió Olga Victoria Rubio, concejala bogotana del movimiento MIRA. La cabildante, desde principios del 2012, ha venido liderando una campaña a favor de las personas quemadas con ácido. El 7 de marzo de ese año, promovió una jornada de donación de mechones de pelo en el Concejo de Bogotá. Se recibieron alrededor de 400 mechones, incluido el de ella, y se han podido realizar 6 pelucas, que se les entregaron a personas como Gina Potes, atacada hace 15 años. Cuando Rubio contactó a Jairo Sarmiento, un comerciante de pelucas, para que hiciera los postizos, este le dijo que no le cobraría por la realización, que en su taller oscila entre los 800 mil y 1 millón de pesos, porque era buena causa.

El pelo es un buen negocio. En peluquerías como ‘Stylos y motivos’, ubicada en la calle 127 con Autopista Norte, 30 centímetros de pelo se compran a, más o menos, $300 mil pesos. Ómar Barrera, su dueño, manda a hacer las extensiones y “de cada conjunto de cabello salen hartas tiras”, dice, aunque no sabe exactamente cuántas, porque depende de la calidad del pelo. Cada tira de cabello, que mide aproximadamente 20 centímetros de ancho y 30 de largo, cuesta $300 mil pesos, el mismo precio al que se compra la totalidad del pelo. “Mami, las mujeres que compran extensiones de cabello no lo hacen por estética. Lo hacen es por vanidosas”, concluye.

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Extensiones de pelo. Foto: Maria Alejandra Medina

El pelo humano, sin duda, es utilizado para embellecer el rostro, “es el marco de la cara”, en palabras de la concejala Rubio. Sin embargo, se le pueden dar usos de otro orden, tanto benéficos como siniestros. La brujería es uno de esos manejos maléficos. Según Estrella Carrasquilla, mujer de la tercera edad y clarividente cristiana, “el pelo es muy buen conductor de energía” y, por eso, es utilizado para lanzar maldiciones sobre las personas y quienes las rodean. Por eso no es extraño encontrar mechones de pelo, por ejemplo, atadas a las tumbas en los cementerios. No obstante, Estrella se limita exclusivamente a hacer rituales de oración para proteger de esas brujerías. “El cabello tiene que ser de la persona que se va a maldecir, pero no me gusta hablar ni preguntar sobre cómo se hace esa magia negra, porque hacerlo le abre la puerta al diablo. Incluso, puede llevar a la muerte”, afirma. Pero, eso tal vez no sea fácil de comprobar.

 Investigadores de agronomía de la Universidad Nacional, en contraste, efectivamente pudieron probar la utilidad del pelo como ingrediente para abono y acondicionador del suelo para cultivos. “Se realizó un ensayo para degradar pelo de animales. Se dio muy bien, pero se generó un olor muy desagradable durante todo el proceso, que pudo haber sido originado por residuos de los animales, como grasa o carne”, afirma Jairo Leonardo Cuervo, profesor asociado a la Facultad de Agronomía de la universidad. Cuervo afirma que el pelo tiene buenas cantidades de nitrógeno, lo que ayuda a mejorar las mezclas de los abonos orgánicos, siempre y cuando el pelo no esté tinturado, pues eso dejaría residuos tóxicos.

 En Colombia, sin embargo, no se han realizado investigaciones con pelo humano, porque “se requerirían cantidades muy grandes. Además, porque en nuestro medio contamos con gran cantidad de fuentes orgánicas de más fácil acceso, y porque posiblemente resultaría muy costosa en comparación a otras fuentes”, asegura Jaime Torres Bazurto, también profesor asociado a la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional. Torres afirma que, por esas condiciones de difícil asequibilidad, esa exótica técnica es apta solamente para jardines o huertas caseras, en las que el pelo se usa como una especie de tapete prensado que mantiene la humedad y previene la proliferación de malezas. Por último, asegura que con la apertura económica es posible que llegue el producto a Colombia y se empiece a usar en los espacios mencionados.

 Es probable, que algún día se popularice, también, una tecnología como la desarrollada por Azusa Murakami y Alexander Groves, en Inglaterra. Los dueños del estudio de diseño Studio Swine crearon gafas con monturas biodegradables a base de pelo humano, en vez de plástico con derivados de petróleo, como la mayoría de los marcos de lentes, y compactadas con biorresina. Según los diseñadores, el Reino Unido importa una cantidad de pelo humano anual avaluada en £15 millones. Los diseñadores dicen que este puede ser un material viable para la realización de gafas, si se tiene en cuenta el constante aumento de la población mundial.

 De esta manera, el pelo que se tira al piso en las peluquerías, y que es inservible para donar por las inadecuadas condiciones con las que se maneja, podría ser destinado a empresas como la propuesta por los ingleses. El pelo humano dejaría de ser un desperdicio para transformarse en materia amable con la naturaleza de la que alguna vez se nutrió.

La pesadilla de un papá godo.

Foto tomada de internet

Foto tomada de internet

 Por: Maria Alejandra Medina Cartagena

“No estamos pintados en la pared”

Andrés Montoya no tiene reparo en afirmar que le gustan las drogas, ni en contar que ha terminado comiendo mantecada con gaseosa con el dueño de la casa que rayó. Pero lo que no le dice a cualquiera es cómo se llaman sus padres, su esposa y su hija de dos años. El único nombre que todo el mundo puede conocer es el del Kolectivo Toxicómano Callejero, del que Andrés es la mente creativa.

Junto con su amigo César “Cheché” –del que tampoco revela su apellido-, ha sido el gestor de inolvidables grafitis como la frase “Los feos somos muchos más”, acompañada de la imagen de un punkero con el ceño fruncido y firmado, siempre con la misma caligrafía, por “Toxicómano”. Andrés tiene muy claro que revelar sus nombres o sus caras rompería con la pregunta que, en parte, le da sentido a su trabajo: “¿Quién es Toxicómano?”.

Entre Dj Lou, Lesivo y Guache, también grafiteros y amigos de la calle, Andrés parece ser el introvertido del grupo. “Es un tipo serio, incluso malgeniado a veces, pero muy inteligente”, dice Iván Chacón, amigo, diseñador gráfico, e ilustrador de la banda de metal industrial Koyi  K Utho. Chacón es bajito y de piel blanca, Andrés, alto y moreno. Chacón es metalero y Andrés, punkero. Pero no hay lío con eso, pues lo que los une es el gusto por el diseño gráfico, la escena underground y las formas de pensar. Esa visión del mundo que los hace crear calcomanías como “La explotación es la reducción del individuo”, en el caso de Chacón, o “Maldito dinero”, en el caso de Andrés.

Mientras corta las calcomanías con algunos de sus grafitis impresos, Andrés se ve tan serio como lo describe Chacón. Por eso, la sonrisa que tiene es inesperada. Es una sonrisa infantil, como la que tendrían esos niños que salen en los stickers que vende y que llevan el mensaje “¡Curas malparidos!”.

Andrés estudió en un colegio de sacerdotes, en el centro de Bogotá. No tuvo, a diferencia de lo que podrían hacer pensar sus calcomanías, ninguna experiencia personal desagradable con los clérigos. No obstante, sí piensa desde hace rato que la Iglesia es un negocio.

 

“Punk’s not dead”

Andrés no tiene pinta de punkero: anda en tenis, jeans, sacos de capota y, si acaso, con gorra. Sin embargo, la relación con el punk es innegable. De hecho, la idea de pintar las paredes de Bogotá usando plantillas viene del gusto por la música de bandas como Siniestro Total y Defcon 5.

“Cheché” y Andrés crecieron juntos en el barrio Santa Isabel, en la localidad de Mártires. Andrés dice que su vida se sentía un poco como la de Vinz, el protagonista de la película francesa “El odio”, que se robó un revólver para amenazar a la Policía por haber torturado a un joven árabe durante unos disturbios en París.

Andrés y su amigo compartían gustos musicales y, como buenos adolescentes, querían tener camisetas de sus bandas favoritas. Como era una de dos, o no existían o no tenían plata para comprarlas, decidieron hacerlas ellos mismos con esténciles. No pasó mucho tiempo para que pensaran que, en vez de camisetas, sus lienzos podrían ser las paredes de las calles.

Al principio, los mensajes de los grafitis eran un poco obvios, como “No vote”. Después su objetivo cambió: “Digo lo que todo el mundo piensa, pero nadie se atreve a decir” -dice. Como que “Las bonitas también se tiran pedos”. Pero, asimismo, da la impresión de que lo que busca es que la gente se atreva a pensar lo que él dice, como “Leer es sabroso” o “Las mujeres son la verga”.

Otras cosas también han cambiado desde entonces. Sus papás ya no ven lo que hace con malos ojos. De hecho, los aerosoles figuran sin falta entre los regalos de cumpleaños que recibe de su familia. Tal vez eso tenga que ver con que su papá, al haber trabajado toda la vida como obrero y pintor de brocha gorda, probablemente siente satisfacción de que su hijo también pinte, pero diciendo lo que piensa.

Imagen tomada de Elespectador.com

Imagen tomada de Elespectador.com 

Libertad y desorden”

El mes pasado, cuando estuvo en Miami, Andrés se la pasó evitando a la Policía. No le gustó esa ciudad porque se nota lo mucho que el gobierno tiene controlada a la gente. “Me quedo en Bogotá. Bogotá es el caos total… Aquí hago lo que se me da la gana”, dice.

Andrés también afirma que ya no tiene vergüenza. Antes salía a rayar por las noches. Hoy sale a plena luz del día. A veces le va mal: salen los dueños, llaman a la Policía y tiene que borrar lo que pintó. Pero, generalmente le va bien, nadie se da cuenta o no ponen problema. Incluso, los propietarios de las casas o los locales a veces terminan pidiéndole trabajos de diseño, por lo que puede terminar comiendo ponqué y Colombiana con ellos.

 

“Ya tú sabe”

Andrés no tiene pelos en la lengua, es un man que va diciendo lo que no le gusta, como dice Chacón. No le gusta que le pregunten mucho sobre su familia, y lo va diciendo; la Unitec, la universidad de donde se graduó como diseñador tecnólogo, le parece pésima; los 2 millones de pesos que le costó el stand en la Feria del Libro le parecen demasiado, y todo lo va diciendo.

Pero hay cosas con las que Andrés no tiene problema. Por ejemplo, ha trabajado con metaleros, reguetoneros y raperos. Para él no importa qué sean, mientras que sean auténticos y no la copia de los demás. “Me parece la verga un metalero con el pelo corto o un punkero con gafas y que no sea el típico con cresta y las Dr. Martens”.

 

Calle esos ojos”

Andrés tampoco tiene lío con que la gente diga lo que piensa, siempre y cuando no sea cansón y repetitivo. “No me gustan esos grafitis que es toda la pared llena del nombre de alguien. Las paredes hay que aprovecharlas, sería como tener cinco minutos de televisión y gastarlos diciendo el nombre de uno”. Si, por ejemplo, desnudarse es una forma de libre expresión, Andrés tampoco tiene problema con eso. “Si uno quiere pelarse la hijueputa nalga, ¡pues que lo dejen!”.

Hay muchas cosas que no entiende de este país. Por ejemplo, por qué bajarse los pantalones en Transmilenio es reprochado y más repudiado que los Nule en la cárcel con un Playstation, o que los delitos mismos que cometieron. No tiene claro por qué algunos todavía critican y persiguen lo que él hace, en vez de criticar y perseguir a los corruptos del país.  

El cerebro de Toxicómano no entiende muchas cosas y carece de muchas otras: no tiene la cresta, las Dr. Martens, ni los planes para el futuro. Pero lo que sí tiene es un montón de ideas irónicas para seguir pintando, un enorme fastidio por Jota Mario, una profunda admiración por Jaime Garzón y 30 años vividos sin ningún arrepentimiento.

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